La iniciativa. #NIUNAMENOS!, A propósito de escandalosas decisiones judiciales relacionadas con violencia sexual y feminicidio atribuibles a abordajes machistas institucionalizados excesivamente benévolos con los infractores que justifican la violencia hacia las mujeres. Nos obliga a jalar el ojo social hacia las mujeres con discapacidad.

820,731. La ENEDIS, ha estimado que las mujeres con discapacidad somos 820,731, el 52 por ciento de más de un millón y medio de peruanos con discapacidad. Un análisis normativo sobre la transversalización que se ha hecho para el caso específico de la violencia hacia las mujeres con discapacidad no cabría ni resumido en este post. Sin embargo diré, que la ruta de las garantías de una vida libre de violencia para las mujeres con discapacidad ni si quiera está dibujada pese a que sí está superficialmente aludida en algunas de las normas respectivas.

Dorilla. Mi brevísimo paso por la educación especial en el Colegio La Inmaculada para niños ciegos y sordos en el distrito de Barranco, me confrontó a los siete años, con una situación que ahora evalúo como mi primer encuentro con la violencia. conocí a una joven ciega llamada Dorilla cuyo apellido no recuerdo, de unos 18 a 20 años, éramos ambas estudiantes externas razón por la que pese a tener edades tan distintas almorzábamos juntas, en aquella mesa llamada así, “mesa de las externas”. Mientras escribo… algunos recuerdos pasan como diapositivas. Dorilla dejó de venir y cuando pregunté por ella, me dijeron que se había ido al cielo. Luego en la capilla del colegio se celebró una misa y en la homilía el padre, habló de una fuga de gas y de un destino, de una voluntad divina de llevarse a la hermana Dorilla para descansar por la eternidad. Siempre fui una niña muy inquisitiva, no me cuadraban esas explicaciones así que fue mi joven profesora sin discapacidad del 2º grado, quien explicó, que en la casa de los parientes de Dorilla hubo una fuga de gas, “Dorilla sufría de los nervios”, -Dijo, “por eso dormía cerrada con llave”. “Ocurrió durante la fuga de gas que todos salieron olvidándose de ella y cuando regresaron Dorilla estaba muerta”. Esta explicación que mi cerebro de adulta hoy procesa como una terrible negligencia, que es una forma poco atendida casi invisible de violencia, es una justificación basada en las características de la persona, comúnmente usada frente a actos de violencia hacia personas con discapacidad. ¡Me marcó! Porque situaciones de internamiento forzado, maltrato o lo que es peor trato negligente, siguen afectando a mujeres con discapacidad por problemas de salud mental y a aquellas que tienen una discapacidad grave. En modo más dramático y desafortunadamente invisible para los órganos fiscalizadores.

Esperanza Villafuerte T.

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